Profesor Guillermo Cesar Vadillo
  Hacia el fin de la Vida
 
HACIA EL FIN DE LA VIDA

     La vida se me escapa de las manos, veo con dolor la Argentina en la que vivirán mis nietos. Una atmósfera envenenada de desencuentros y sospechas puede, entre sus partes, más que cualquier acuerdo tendiente a desbaratar las astucias e impudicias del poder. Es el reino de la autosuficiencia, de la ineptitud para oír y hacerse oír. Stefan Zweing expreso en una oportunidad :“Ningún pueblo, ninguna época, ningún hombre de pensamiento se libra de tener que delimitar, una y otra vez, libertad y autoridad, pues la primera no es posible sin la segunda, ya que en tal caso se convierte en caos, ni la segunda sin la primera, pues entonces se convierte en tiranía”
    He vivido muchos años pero aún no puedo entendera qué se debe que la gente, en general, no reaccione ante los permanentes abusos de poder que, diariamente se cometen. Desde el 2006 nos rodea un espíritude confrontaciónque sólo pudo tener éxito en una sociedad como la argentina, sumergida en una apatía y desinterés, que no le permite reaccionar frente a las medidas arbitrarias de los gobiernos, que perturban la economía ciudadana o que ofenden a principios fundamentales de la democracia. El pueblo permanece como espectador pasivo frente a medidas de los gobiernos que muchas veces afectan a sus derechos. Impertérrito, asiste a los retos y diatribas que, desde el atril, se derraman diariamente sobre sectores enteros de la sociedad, aún cuando se trate de aquéllos que, de una forma u otra, encarnan los últimos reductos de la libertad. . Hoy hemos abandonado hasta esas mínimas actitudes de dignidad, para permitir que la destrucción que impone una política consumista nos destruya.
   Veo con profundo dolorcomo se realizan los peores actos de corrupción que recuerda la historia de nuestro país, como se reformó la estructura del Consejo de la Magistratura para someterlo al control directo del gobierno, y como se hizo lo propio con todos y cada uno de los organismos de control.
        Con indiferencia hemos tolerado.un sistema propagandístico en expansión formado por medios estatales y provinciales engordados con el erario; cadenas noticiosas y radios de primer orden que reciben publicidad oficial y negocios, y que propalan con entusiasmo las buenas nuevas y como se toman represalias contra los periodistas díscolos y los medios de comunicación que no  están al servicio del oficialismo. Pero se hace alharaca de la libertad de expresión, en tanto no se investigue  ningún hecho de corrupción.
  
La pobreza, la falta de asistencia sanitaria, trabajo y educación, invaden cada vez más a la población mientras se gastan sumas siderales en el fútbol gratis o se engaña a los necesitados con planes sociales o con construcciones de viviendas en manos de entidades mafiosas
    Con una política engañosa,  el gobierno sedeclara del lado de los pobres, -parados sobre su cuantiosa fortuna mal habidas-, instalan el resentimiento. Ignoran que no se puede establecer la libertad del pobre, sobre la base de dejar sin libertad al rico. Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo. El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, es el fin de cualquier nación. No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”.  Hoy nos hemos ganado el desprestigioen el mundo entero, por las absurdas declaraciones de un gobierno sin coherencia.
     Creo que ha llegado la hora de preguntarnos qué nos sucede, qué fue lo que nos convirtió en esta masa informe, acostumbrada por décadas a recibir toda clase de golpes, a esta salvaje costumbre del “sálvese quien pueda” o “por algo será”. Hasta que tal cosa no suceda, hasta que tomemos acabada conciencia de qué somos y qué debemos hacer para dejar de serlo, no tendremos destino alguno.

                       Guillermo César Vadillo
 
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